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AMERICAS - El año del fin de la hegemonía yanqui (I)

Ernesto Tamara

Martes 23 de diciembre de 2008, por Barómetro Internacional, Ernesto Tamara

El año 2008 será recordado en la historia por varios acontecimientos. En primer lugar por la crisis financiera que ha globalizado la recesión iniciada en Estados Unidos, y por la victoria en las elecciones presidenciales de ese país, del candidato demócrata Barack Obama. El primer afronorteamericano en llegar a la presidencia. Dos acontecimientos históricos que coinciden con el pronóstico de que la hegemonía estadounidense en un mundo unipolar, ha llegado a su fin.

Fue además un año que para América Latina se inició con una ofensiva de las fuerzas de derecha, con procesos separatistas en Bolivia, la agresión de Colombia a Ecuador -para bombardear y asesinar al dirigente de las FARC Raúl Reyes-, la rebelión de los productores de soja en Argentina, un levantamiento indígena en Perú, y una mayor presencia de grupos narcotraficantes amenazando a varios gobiernos, y la instalación del paramilitarismo colombiano dentro de Venezuela en una estrategia de desestabilización a largo plazo.

Algunas tendencias políticas insinuadas a principio de año se incentivaron, mientras otras se desactivaron casi definitivamente. Por ejemplo, después de marzo era casi seguro una reforma constitucional y la reelección de Alvaro Uribe en Colombia, tras resistir todas las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos y vínculos con los grupos narcoparamilitares. Sin embargo, ya a fines de año, la reelección sólo queda como un sueño y el apoyo que tenía el mandatario comienza a disminuir tras la crisis de las llamadas pirámides financieras y la denuncia del asesinato de jóvenes pobres de las ciudades y campesinos para ser presentados por el ejército como guerrilleros caídos en combates y cobrar los premios otorgados por el gobierno dentro de su proyecto de «seguridad democrática».

Relevo en la Casa Blanca

El 2008 comenzó con la carga de ser el año de elecciones presidenciales en la mayor potencia del planeta, por lo que muchos acontecimientos locales eran abordados con esa óptica.

En el partido Demócrata, Hillary Clinton y Barack Obama eran los principales candidatos, mientras que entre los republicanos, el senador y veterano de la guerra de Vietnam, John McCainy el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani recibían las mayores adhesiones.

En un proceso electoral considerado el más costoso de la historia, más de 2.400 millones de dólares gastaron los dos candidatos presidenciales que se enfrentaron en noviembre (en total los dos partidos gastaron más de 5.300 millones), finalmente se impuso con amplia ventaja el candidato demócrata. En ese desenlace pesaron los 8 años de mandato de George Bush, con dos guerras iniciadas al inicio y aún sin concluir, y la crisis financiera más grave de los últimos 70 años alentada por una política económica neoliberal. Los ocho años de gobierno de Bush han sido nefastos para los más pobres en su país, pero una bendición para la industria armamentista y los sectores más poderosos de la sociedad.

Bush recibió de su antecesor, el presidente Bill Clinton, un superávit fiscal de 236.000 millones de dólares en el 2000, que en poco tiempo transformó en déficit y que se estima alcanzará los 500.000 millones cuando se cierre el año fiscal 2007. Inició su mandato reduciendo impuesto a los más ricos y recortando gastos en la seguridad social, subsidios de enfermedad, etc. Al mismo tiempo permitió que creciera la campaña contra los inmigranres ilegales al punto que fue uno de los temas principales de la campaña electoral. Se autoproclamó un «presidente para la guerra» cuando su país sufrió los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York y en la sede del Pentágono en septiembre del 2001, aunque después algunos de sus colaboradores revelaron que antes de los atentados ya tenía planes para lanzar una guerra contra Irak.

Bush puede vanagloriarse también de haber destruido los pocos visos de respeto a la legalidad internacional y de establecer una estructura internacional de cárceles secretas para practicar torturas, desapariciones y retener indefinidamente a supuestos «terroristas» sin acusación ni proceso.

Fin de la hegemonía yanqui

En sus «méritos» el presidente Bush puede anotarse también que no logró imponer una solución al conflicto de Medio Oriente, como había anunciado en diciembre del 2007 en la Cumbre de Annopolis, no logró impedir el programa nuclear iraní ni establecer sanciones drásticas a ese país. En cambio si puede atribuirse la mayor crisis financiera y económica de los últimos 70 años, y finalmente, su nombre podrá ser recordado por poner fin a la era de la supremacía militar y económica de Estados Unidos en el mundo. Hasta un informe de inteligencia norteamericano concluye que para poco más de 10 años, Estados Unidos tendrá que compartir el dominio del mundo con otras naciones.

Un documento dado a conocer por el Consejo de Inteligencia Nacional, sostiene que antes del año 2025 estallarán grandes conflictos por el dominio de mercados y materias primas y augura un superpoblado y complejo mundo multipolar, sumamente fragmentado, donde Estados Unidos tendrá una mermada influencia.

El informe expresa que ya ha pasó la era en la cual el predominio norteamericano se daba por descontado, argumenta que en la nueva situación mundial el sistema occidental perderá todo su esplendor a mediano plazo y pronostica que la Unión Europea estará muy dividida, lo que impactará negativamente en el poderío militar que hoy detenta la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La enorme crisis militar, económica y de prestigio internacional a que Bush ha conducido a Estados Unidos, está abriendo paso, según diversos analistas internacionales, a la confección de un mundo multipolar, enterrando la supremacía que desde la caída del Muro de Berlín, había sostenido el imperio norteamericano.

La debilidad y falta de liderazgo de Estados Unidos quedó de manifiesto al desatarse la crisis financiera. Las propuestas de soluciones partieron desde fuera de Estados Unidos, ya que el inquilino de la Casa Blanca parecía más preocupado en hacer sus maletas que contribuir a aclarar la situación económica.

La crisis financiera

Los primeros síntomas de la crisis financiera comenzaron a manifestarse el pasado año 2007 con la quiebra de instituciones crediticias que ofrecían préstamos para la compra de viviendas. Al principio todos parecían conformarse con la quiebra de algunas instituciones y la concentración del mercado financiero en pocas instituciones. Pero la quiebra hipotecaria era mucho más profunda.

A la crisis hipotecaria se le sumó la subida desenfrenada de los precios del petróleo y los alimentos que agravaron aun más la situación, todo en medio de una especulación brutal en las Bolsas de Valores.

En marzo del 2008 el gobierno norteamericano tuvo que avalar la compra del fondo de inversiones Bear Stern por la banca Morgan. En julio, el Estado debió salir al rescate de las dos mayores financieras hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae -entre ambas tenían el 50% de las hipotecas del país-.

El 15 de septiembre, el Banco de Inversión Lehman Brothers pidió protección crediticia ante la ley, oficiamente declarándose en quiebra financiera. Mientras tanto, el banco de inversión Merrill Lynch fue adquirido por Bank of America, a mitad de su valor real, y el fondo de inversión AIG tuvo que ser capitalizado por el Estado.

Finalmente en octubre, el Congreso norteamericano aprobó el plan de rescate financiera por 700.000 millones de dólares, sin que hasta ahora haya ayudado a revertir la situación. El paquete fue considerado el pago de un chantaje de los grandes bancos alEstado, bajo la amenaza de declararse en quiebra y cerrar. Ahora el sector industrial, con los fabricantes de automóviles a la cabeza, reclaman un salvataje similar.

El presidente electo Barack Obama anuncia en tanto un programa de inversiones estatales para crear 2,5 millones de empleos, en una propuesta similar a la del «New Deal» del presidente Rooselvelt para salir de la crisis de 1929.

¿Cambios con Obama?

La sola asunción de un presidente afronorteamericano en un país que hasta hace 40 años mantenía la segregación racial, es un paso importante, aunque el candidato ganador esté anunciando ya algunas prácticas políticas similares a la de sus antecesores.

Quizás el mayor efecto del cambio de gobierno en Estados Unidos se concrete en la política interna y en un mayor respeto a las normas internacionales, aunque algunas prácticas imperialistas continuarán, ya que, como el bloqueo a Cuba, son política de Estado compartida por los dos partidos que se turnan en la Casa Blanca.

El equipo de gobierno ya anunciado está plagado de ex funcionarios de la administración Clinton (1992-2000) además de confirmar la permanencia del actual Secretario de la Defensa.

En su campaña electoral, Obama anunció pocos cambios en la relación con Latinoamérica, aunque es probable que elimine algunas de las nuevas restricciones hacia Cuba decretadas por el presidente Bush. Es decir, se volverá a la situación existente en el gobierno de Clinton, y casualmente, la esposa de Clinton, Hillary, será la secretaria de Estado.

Por otra parte, la crisis económica y la recesión ya instalada en Estados Unidos, concentrará los esfuerzos iniciales de la nueva administración, y la relación con Latinoamérica, que por otra parte cada día se muestra más dispuesta a resolver sus asuntos sin la presencia del patotero del norte, no será una prioridad para Obama. En este sentido, Obama ya ha anunciado planes para incentivar la economía y advirtió que la situación económica todavía empeorará más antes de comenzar el repunte.

Uribe extiende la guerra fuera de fronteras pero termina sin reelección
A principios de año parecía que el conflicto colombiano podría entrar en una fase de negociación a través de las gestiones humanitarias iniciadas por la senadora liberal Piedad Córdoba, el presidente de Venezuela Hugo Chávez, y otros actores nacionales e internacionales.

Para confirmar esa sensación de que se abría una puerta de negociación, a principios de enero las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) concedieron la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, tras la mediación de Córdoba y Chávez.

En ese entonces, el presidente colombiano, Alvaro Uribe, agradeció a Chávez por la gestión que permitió la liberación de las dos políticas retenidas por la guerrilla, y al gobierno de Cuba que, reveló, durante los cinco años y medio de su gobierno, «de manera discreta ha hecho todos los esfuerzos para ayudar a que Colombia construya la paz».

El mandatario también agradeció la gestión de la Cruz Roja Internacional y de la senadora Piedad Córdoba, gestora inicial de estas negociaciones.
Sin embargo mostró poca flexibilidad para avanzar en un acuerdo de liberación de rehenes y presos con la guerrilla.

Uribe insistió en mantener su concepto de «seguridad demócratica» que implica la derrota militar de la guerrilla, aunque admitió la posibilidad de establecer una zona de encuentro para avanzar en un diálogo con la insurgencia, como había propuesto la Iglesia a finales de noviembre.

Asimismo llamó a los miembros de las FARC a desmovilizarse y a considerar lo que describió como «una negociación sencilla, ágil, de buena fe, en la cual serían rodeados de garantías democráticas». Uribe no adelantó ninguna otra medida para avanzar en una negociación concreta.

Al mismo tiempo, las FARC dieron a conocer un comunicado donde expresan que la liberación de las retenidas es un primer paso «esperanzador que invita a pensar en la posibilidad de la paz en Colombia». «Esta liberación humanitaria y unilateral, se da a pesar de los palos atravesados en la rueda por el propio Presidente Uribe, enemigo jurado del canje de prisioneros y enemigo de la paz con justicia social, siguiendo los lineamientos de Washington», añadía el comunicado. «Los esfuerzos deben dirigirse ahora a lograr el despeje militar de Pradera y Florida como escenario del diálogo gobierno-FARC para el acuerdo y la materialización del canje que haga posible la liberación de todos los prisioneros y de los guerrilleros presos en las cárceles del régimen, incluidos Sonia y Simón Trinidad, (presos en EE.UU)».

Pero, las expectativas de avanzar en la mediación y el diálogo fueron definitivamente quebradas con el ataque colombiano, con apoyo norteamericano, a una base transitoria de las FARC en territorio ecuatoriano.

En una operación nocturna, aviones colombianos bombardearon el campamento, seguido de un asalto en helicópteros y tropas especiales que se dedicaron a liquidar a los heridos y recuperar equipos. 17 presuntos guerrilleros fueron muertos en el ataque, entre ellos el número dos de las FARC, Raúl Reyes. Su cadáver fue rescatado y llevado a Bogotá, siendo enterrado en un lugar secreto varios días más tarde. La autopsia realizada por médicos militares colombianos permite concluir que fue ultimado cuando estaba herido. Posteriormente, militares ecuatorianos que llegaron al lugar rescataron tres estudiantes heridas, dos de ellas mexicanas, que confirmaron que el ejército colombiano remató heridos después del ataque.

Las estudiantes habían llegado al campamento desde Quito, donde participaban en una conferencia internacional y querían entrevistar al jefe guerrillero dentro de un plan de estudio de la realidad latinoamericana.

La violación de la soberanía territorial ecuatoriana provocó una crisis regional. El gobierno de Colombia engañó al presidente ecuatoriano dando falsa información sobre la ocurrido. Al principio Correa se enteró de la muerte de Reyes por una llamada telefónica del presidente Alvaro Uribe, varias horas después de lo ocurrido, y la primera versión había sido la de un choque entre soldados y guerrilleros que culminó con la fuga hacia Ecuador de los insurgentes. Sin embargo, horas después el ministro de Defensa de Colombia revelaba el ataque aéreo a un campamento improvisado de las FARC en territorio ecuatoriano, a dos kilómetros escasos de la frontera, y el ingreso de soldados colombianos a Ecuador para capturar el cadáver.

Horas después Correa llamaba a su embajador a consultas y advirtió que iría «hasta las últimas consecuencias para que se aclare este escandaloso hecho que es una agresión a nuestro territorio».

Correa calificó la situación de «extremadamente grave e intolerable». En una alocución nacional, el mandatario explicó que «luego de la visita por parte de nuestras fuerzas armadas y autoridades políticas del gobierno a la zona de ataque, irrefutablemente se confirma que el Ecuador sufrió un planificado ataque aéreo y una posterior incursión de tropas colombianas, con plena conciencia de que estaban violando nuestra soberanía», señaló.

«Fue una masacre. Los aviones colombianos ingresaron al menos 10 km a nuestro territorio para realizar el ataque desde el sur, luego llegaron tropas transportadas en helicópteros que culminaron la matanza, incluso se hallaron cadáveres con tiros en la espalda», aseguró.

Para Correa, todo esto demuestra que el Ministerio de Defensa colombiano, la Cancillería de dicho país y el propio presidente Uribe, más aún cuando le informó del hecho vía telefónica, le están mintiendo a Ecuador y al mundo. «Lo que ocurrió, repito, fue claramente una acción deliberada dentro de nuestro territorio, la cual atenta contra nuestra soberanía, los acuerdos bilaterales con Colombia y contra el derecho internacional, pero sobre todo contra el respeto y la confianza que deben existir entre países vecinos y hermanos. No podemos confiar en un gobierno que traiciona la confianza de un pueblo hermano», indicó.

Tanto Ecuador como Venezuela, que se solidarizó con el gobierno de Quito, movilizaron tropas a la frontera. Colombia amenaza con una guerra en Sudámerica, advirtió el presidente venezolano Hugo Chávez.

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