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NICARAGUA - Mujeres: Doble desprecio a las caribeñas

José Adán Silva, IPS

Jueves 12 de marzo de 2009, puesto en línea por Claudia Casal

11 de marzo de 2009,Managua - IPS - La primera investigación penal por discriminación racial en Nicaragua, abierta por la denuncia de una diputada del Parlamento Centroamericano, dejó al descubierto la segregación de las mujeres indígenas y afrocaribeñas de las regiones autónomas de la costa atlántica.

Las indígenas y negras constituyen 52 por ciento de la población caribeña de este país (algo más de 650.000 habitantes) y soportan el mayor peso de las discriminaciones de género y raciales, dijo a IPS la rectora de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (Uraccan), Alta Hooker.

La denuncia fue interpuesta el 12 de febrero por la diputada del Parlamento Centroamericano, Bridgete Budier Bryan, del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional y sirvió para desnudar la histórica marginación de las dos regiones autónomas que ocupan casi 46 por ciento del territorio de este país con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico.

Budier Bryan denunció ante el Ministerio Público (fiscalía) y organismos de derechos humanos a los dueños de la discoteca El Chamán, de Managua, que no permitía el ingreso a personas negras.

El 16, la investigación se amplió a otras cuatro discotecas. Si los empresarios son encontrados culpables, enfrentan desde 500 días de multa hasta la clausura definitiva.

Todo empezó cuando la hija adolescente de la legisladora, Majaila Francis Budier, acudió a la discoteca con varias amigas blancas. «Dejaron pasar a todas, menos a ella. Y era la única negra del grupo», dijo.

Budier Bryan investigó el caso y descubrió que en varios centros de diversión nocturna de la capital se impide la entrada a personas de rasgos indígenas y afrocaribeños, sobre todo a mujeres.

El 6 de febrero, la diputada se arriesgó a visitar uno de esos lugares con su hija y unos amigos, todos de las regiones autónomas, acompañados de una delegación internacional de la Organización Negra de Centroamérica.

«No nos dejaron pasar argumentando derecho de admisión, pero dejaron pasar a todos los blancos y mestizos en la fila, y a personas de perfil indígena o negra que veían, la apartaban», comentó Budier Bryan ante la prensa.

MÁS ALLÁ DE LAS DISCOTECAS

«Lo positivo es que así se desnudó una de las peores formas de discriminación de las mujeres indígenas y afrodescendientes, que es la invisibilidad», dijo Hooker a IPS.

Esto se adivina en la falta de información y estadísticas.

La población indígena, según datos de la Uraccan, oscila entre 10 y 12 por ciento de los 5,7 millones de nicaragüenses. Pero no hay cifras confiables sobre proporción de afrodescendientes.

«Callar la situación es una manera de complicidad, por desprecio a las mujeres. El pensamiento que impera es que por ser mujer, negra y pobre, no merecen ni siquiera que se conozcan sus casos», expresó Hooker.

La población negra desciende de africanos que llegaron en barcos esclavistas ingleses a las costas caribeñas de lo que hoy son Nicaragua y Honduras, disputadas por potencias europeas en tiempos de la colonia, y que se mantuvieron como protectorado británico hasta 1860.

Así, mientras en el centro del país y en el área del Pacífico dominaban la población blanca y mestiza y se impuso como lengua oficial la que hablaban los españoles, en el Atlántico predominaron los apellidos y el idioma inglés que adoptaron los afrodescendientes. Éstos conviven con población nativa, que tiene sus propias lenguas y culturas milenarias —misquitos, mayangnas, ramas y garífunas— y habita tierras comunales de los litorales y zonas interiores inhóspitas de las Regiones Autónomas del Atlántico Norte (RAAN) y del Atlántico Sur (RAAS). En el extremo sur viven también negros créoles y mestizos llegados del Pacífico.

Esto ha dado a esa zona una característica multiplicidad étnica y lingüística, muy diferente del resto de Nicaragua.

VEDADO A MUJERES COSTEÑAS

Según el Centro de Investigación y Estudio de la Mujer Multiétnica de la Uraccan, a las jóvenes indígenas o negras no se les respeta el derecho a la lengua propia.

«A las muchachas que aspiran a un cargo en una institución pública o privada se les exige hablar español. Y si una mujer es blanca, habla el español como en el Pacífico y viene del Pacífico, se le da el puesto con más rapidez, o se le paga más que a las locales», dijo Hooker.

Además de la discriminación institucional, pesa la herencia indígena de una estructura social donde las decisiones las toman los hombres, según Hooker.

«Los consejos de ancianos, los jueces rurales, los líderes comunitarios, los partidos políticos indígenas y los directorios de las empresas en la costa atlántica están integrados en 90 por ciento por hombres. Así ha sido desde hace tiempo y eso apenas va cambiando», indicó.

Lottie Cunningham Wren, socióloga y directora ejecutiva del no gubernamental Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua, apunta que la segregación afecta tanto a trabajadoras domésticas como a egresadas de las dos universidades de la zona, la Uraccan y la Bluefields Indian and Caribbean University.

«En todo el país, pero sobre todo en el Pacífico, los empleadores prefieren a las mujeres egresadas de universidades de Managua y del centro del país, antes que a las jóvenes graduadas en las nuestras, a pesar de que somos reconocidos por el Consejo Nacional de Universidades», dijo Cunningham.

«En los bancos, a las mujeres no se les resuelve con mucha facilidad un simple trámite de solicitud de crédito y no les aceptan como garantías sus casas y propiedades si están ubicadas en la costa atlántica, pero si los bienes están en el Pacífico, las consideran mejor», describió.

En puertos y aeropuertos, autoridades de seguridad separan a las mujeres costeñas y las desnudan en busca de drogas, sostuvo.

Esta práctica ha decaído «pero no ha desaparecido, siempre que ven a una mujer negra, la ven sospechosa de guardar drogas», denunció.

Incluso la procuradora especial de la Mujer de Nicaragua, Deborah Grandison, sufrió en carne propia este atropello dos años atrás, cuando llegaba en avión a Managua procedente de Bluefields, capital de la RAAS, donde nació.

Agentes policiales intentaron apartarla de la ventanilla donde realizaba su trámite para registrarla, sin aceptar sus documentos de identidad. Finalmente, una policía la reconoció y sólo entonces la dejaron ir pidiéndole disculpas.

AISLAMIENTO ANCESTRAL

Las instituciones públicas han mejorado sus orientaciones y medidas para erradicar actitudes de segregación, según activistas.

Pero, para Miriam Hooker, directora del Centro de Derechos Humanos Ciudadanos y Autonómicos de la Costa Atlántica, la discriminación étnica es casi institucional.

«El Estado mantiene excluido al Caribe y esa marginación abarca todos los ámbitos sociales y económicos», dijo a IPS la activista.

La costa atlántica siempre estuvo aislada del resto del país, lo que se manifiesta en la ausencia de inversiones sociales y productivas, infraestructura de transporte, limitada cobertura de servicios básicos y un marco institucional dependiente del gobierno central.

Según un informe de 2005 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, quienes tienen menos acceso a oportunidades de desarrollo y crecimiento educativo son los habitantes de las dos regiones del Caribe.

Mientras en el resto del país, 80 por ciento de la población tiene acceso a agua potable, allí sólo la reciben 20 por ciento de los indígenas.

La pobreza afectaba a 47 por ciento de los nicaragüenses, pero en la RAAN y la RAAS, los pobres eran 79 por ciento de los habitantes, de acuerdo con el estudio. Y los empleos del sector productivo se repartían en 79 por ciento para hombres y 21 por ciento para las mujeres.

«En condiciones generalizadas de pobreza, los mujeres son más vulnerables a la hora de competir por un puesto laboral», apuntó Miriam Hooker.

El estudio «El fraude del mestizaje», elaborado en 2008 por Mirna Cunningham Kain, del Centro para la Autonomía y Desarrollo de la Costa Atlántica, expuso en entrevistas a cientos de mujeres el impacto del racismo en las relaciones de género.

«La discriminación de género esta muy relacionada con el racismo, puesto que ambas involucran al grupo cultural dominante (hombres mestizos) que crean barreras sobre otros (mujeres, pueblos indígenas y afrodescendientes) con base en prejuicios discriminatorios sobre sus atributos y habilidades inherentes», dice el texto. (FIN/2009)


http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=91510

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