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AMERICA LATINA - La emergencia de la izquierda democrática en Sudamérica y el equilibrio geopolítico (por Marilza de Melo Foucher)

Viernes 7 de abril de 2006, puesto en línea por Marilza de Melo Foucher

El continente sudamericano ha sido sometido a varios siglos de explotación. Ha sido dirigido por dictaduras, por gobiernos populistas, por demócratas oligárquicos, por gobernantes inescrupulosos, corrompidos y, a partir de los años 80, a fines del siglo XX, por adeptos al neoliberalismo. Estos gobernantes se presentaban como progresistas, intelectuales, como por ejemplo, el caso brasileño del sociólogo supuestamente de izquierda, quien gobernó a lo largo de dos mandatos consecutivos, hasta el 2002. Todos se han sometido a un modelo de pensamiento único y se curvaron frente a la gobernancia mundial.

Durante más de 20 años los principales actores globales de la «gobernancia mundial» dictaron las normas para controlar la doctrina económica neoliberal en Sudamérica. Definieron en conjunto las reglas de regulación internacional, interfiriendo en la esfera de la soberanía de los Estados. Esos Estados, frente a la globalización, tendrían que dar garantías eficientes a la implantación de reformas de reajuste estructural y prepararse para la inevitable apertura a la macro-economía. Las condiciones propicias a la expansión del mercado global fueran creadas. Pero entonces, ¿qué fue lo que restó del continente sudamericano?

Basta leer los informes de las agencias multilaterales, incluso del Banco Mundial, para ver que la constatación es incómoda, ya que ese modelo no cumplió su promesa de crecimiento económico sostenido, ni tampoco disminuyó las desigualdades sociales. El saldo fue extremamente negativo, las inversiones en áreas sociales fueron reducidas de manera draconiana, no se respetó la legislación laboral, las tasas de desempleo nunca han sido tan altas, todos los derechos sociales fueran reducidos, generando una exclusión social sin precedentes, agudizando la violencia en las áreas urbanas y rurales, además de desmantelar los servicios públicos y saquear las riquezas nacionales ¿Como responder a los desafíos de la democracia cuando el rol del Estado se fragiliza en lo que se refiere a la atención al ciudadano y se fortalece en las respuestas a las reivindicaciones de la política financiera bajo el control de los grandes organismos internacionales y de los agentes transnacionales?

Frente a las múltiples crisis, el despertar de una ciudadanía política

El avance del modelo neoliberal provocó una explosión de reacciones contrarias en la región que fue transformándose en una movilización social de resistencia al neoliberalismo que va más allá de las protestas en las calles. Un verdadero deseo de cambio se expresa a través de los actores sociales que empiezan a buscar alternativas reales para una otra forma de desarrollo. La participación de los movimientos sociales en la resistencia al neoliberalismo fue de extrema importancia - se debe destacar el rol de la CUT, del MST en el Brasil, los movimientos indígenas en Bolivia y Ecuador, los zapatistas en México, de CTA en Argentina. Sin embargo, ha sido la articulación con los otros segmentos organizados de la sociedad civil y los partidos políticos lo que creó la oportunidad de trasformar esos movimientos en fuerza política y dar la victoria a los gobiernos de izquierda a nivel local y, recientemente, a nivel nacional. Es evidente que no basta presionar en las calles, es necesario desarrollar estrategias de acción coordinada y capacidad para formular proyectos políticos de gobernabilidad democrática.

La emergencia de una izquierda democrática

Las últimas elecciones en el continente confirman la tendencia de fortalecimiento de la izquierda. Sudamérica obtuvo en esos últimos años un avance considerable de la izquierda democrática. Según Evo Morales, en su reciente pasaje por Paris, actualmente la izquierda sudamericana prefiere las urnas a las armas.

Este hecho no es producto de la casualidad, se trata del resultado de un trabajo de educación popular, de conciencia política, de años de militancia y de formación política. Poco a poco surgen nuevos políticos, una nueva cultura política va trasformando las relaciones de poder. Pero estamos solamente empezando, hay todavía un largo camino por recorrer.

Existen todavía muchas divergencias sobre las agendas políticas, algunas contradicciones, ambigüedades, pero aún asi, la izquierda democrática avanza en el continente.

La nueva gobernabilidad democrática que se instala en Sudamérica puede y tiene condiciones de viabilizar una nueva práctica de poder, basta voluntad política para innovar el Estado y restaurar una nueva relación Estado/Sociedad Civil organizada, componiendo de ese modo un abanico de alianzas con todo los segmentos sociales organizados de la sociedad nacional, y en conjunto podrán definir y jerarquizar las prioridades, según la idea de un desarrollo integrado, solidario y sostenible. Las fuerzas vivas del joven continente serán suficientes para crear una buena correlación de fuerzas para hacer avanzar las reformas fundamentales.

Para los países en crisis estructurales, esta tal vez sea la única salida para construir un proyecto de sociedad, edificar y redefinir el rol del Estado democrático frente a la imposición de la gobernancia mundial.

Es necesario resaltar que este paradigma implica una re-conceptuación de la sociedad civil y una redefinición de las funciones del Estado democrático. Ya no se trata de la autonomía de los ciudadanos frente a los Estados omnipresentes, intervencionistas, ni de la sociedad civil que se presenta como contrapeso a la potencia del Estado, esperando ocupar los espacios vacíos que la esfera pública deja. Esta dicotomía fue muy explotada por el modelo neoliberal y se propagó por el mundo con la finalidad de desmantelar el Estado y disminuir la esfera de la intervención pública. También se trata de una visión innovadora de la democracia que se funda sobre una nueva relación entre Estado y sociedad.

Los gobiernos de la izquierda democrática deben fortalecer ese tipo de alianza, lo que no significa instrumentalizar las organizaciones sociales que deben seguir autónomas para ejercer la corresponsabilidad frente a la esfera pública. La presión popular representa un beneficio en el avance de las reformas estructurales, teniendo en cuenta que no siempre se dispone de mayoría en el parlamento. Además, los medios de comunicación pertenecen en general a los grandes grupos económicos, alineados con la ideología neo-liberal, que en general, utilizan la desinformación y la manipulación.

No podemos ilusionarnos y decir que existe en toda Sudamérica una nueva sociedad civil organizada. Pero si se puede decir que es bastante expresiva para sostener la gobernabilidad democrática y poner en práctica un desarrollo integrado y sostenible. ¿Quienes son los nuevos representantes de esta sociedad civil tan comentada actualmente? Los nuevos representantes de la sociedad civil organizada son los actores locales que han sido capacitados para el ejercicio de la ciudadanía política y que empiezan a actuar en grupos sociales organizados. Se movilizan para influenciar en la gestión de políticas públicas. Quieren tener participación política y control social sobre la conducción política, cultural, económica, social y ambiental del país. Esa dinámica ya existe en algunos países, pero todavía está restricta a los gobiernos municipales, se destacan las municipalidades del PT en Brasil, experiencias que servirán de referencia en varias ciudades del continente así como en Europa.

La geopolítica del desarrollo solidario entre los pueblos

Si la victoria de los candidatos de izquierda en México, Perú y Nicaragua se confirma, existe una real posibilidad de crear una sinergia continental, capaz de generar un equilibrio geopolítico sin hegemonías, colocando de esta forma un punto final a la subordinación del continente a los intereses imperialistas.

Existe hoy entre los nuevos gobernantes de la izquierda democrática (moderada y radical) un consenso sobre la necesidad de una integración política, económica y social de los espacios regionales del Cono Sur y de los países andinos. Ellos están dispuestos a fortalecer la comunidad sudamericana de las naciones. Esa comunidad engloba 12 países, cubre 17 millones de km2, agrupa 361 millones de habitantes y representa un PIB de 970 billones de dólares.

La definición de una alianza estratégica entre Brasil, Argentina, Chile, Venezuela ya es suficiente para establecer una nueva correlación de fuerzas, capaz de crear un equilibrio geopolítico en la región, acabando con el unilateralismo americano y con la integración que objetiva una finalidad económica y de seguridad.

Es importante destacar que ninguno de los gobiernos progresistas de izquierda, manifestó la intención de romper lazos con los Estados Unidos. Al contrario, han expresado en varias ocasiones, el deseo de establecer reglas pautadas en intereses mutuos que respeten la diversidad y soberanía de las naciones.

Se reconoce que difícilmente un país sudamericano aislado podrá enfrentar las reglas del funcionamiento del sistema multilateral bajo el control de las grandes potencias del norte.
Sin embargo, si la mayoría de los gobernantes consigue trazar una buena estrategia de acción conjunta, se pueden redefinir las reglas de una cooperación multilateral que responda a las aspiraciones de sus poblaciones, y al mismo tiempo, buscar alternativas al modelo neo-liberal. Al final, este continente dispone de un enorme potencial de riquezas, a comenzar por la multiplicidad de herencias culturales que produce una socio-diversidad que no existe en otro continente, diferentes tipos de suelos que se adaptan a varios modos de explotación agrícola, riquezas minerales abundantes, un patrimonio ecológico importantísimo que le reserva la mayor biodiversidad del planeta. Todo un potencial subestimado y explotado en beneficio de una minoría. El ideal democrático de gobernar para todos, raramente se ha aplicado en América del Sur, los pocos que intentaron fueron severamente reprimidos o aislados.
Una integración al servicio de los pueblos sudamericanos: la utopía de lo posible - apropiarse del espacio local para vivir la integración regional a partir del ejercicio activo de la ciudadanía política.

La integración regional debe ser sinónimo de integración social, económica, política y respetuosa de las diversidades culturales y ambientales de los países que la integran. Aún que el proyecto inicial de integración esté inspirado en el modelo de la comunidad europea, los dos procesos históricos de integración regional son distintos, en función de sus especificidades geográficas, económicas, sociales, culturales, políticas. La Unión Europea es, todavía hoy, un edificio inacabado que avanza a pasos pequeños, de bicicleta, sin TGV (Tren Bala). De la unión aduanera, al mercado común, pasando por la unión monetaria ... los preceptos de la economía de mercado van a predominar en la construcción europea. Si bien se considera la integración económica y monetaria europea como un éxito, no podemos decir lo mismo de la Europa social y política. La integración europea fundada solamente sobre la economía de mercado muestra hoy sus límites.

La comunidad de las naciones sudamericanas debe ser portadora de un ideal humanístico y de un modelo de sociedad que merezca la adhesión de la gran mayoría de sus ciudadanos. Los derechos humanos, la solidariedad social, el desarrollo territorial integrado y sostenible, el reparto justo de los frutos del crecimiento económico, el derecho a un ambiente protegido, el respeto a la diversidad cultural, lingüística y religiosa deben constituir nuestro precioso patrimonio de valores.

Debemos hacer de la diversidad cultural nuestra riqueza y del ejercicio activo de la ciudadanía nuestra concepción de democracia.

Las alternativas a la globalización excluyente van a depender de nuestra capacidad de crear un nuevo universo político de transformación social y re-politización global de la realidad. Esto ocurre cuando la democracia representativa no agota su capacidad de movilización y amplia la ciudadanía política, creando una relación de convivencia político-social con los actores representativos de la sociedad civil organizada. Una sociedad civil emanada del ejercicio de la ciudadanía política.

No existe aventura humana sin defectos y como decía Don Helder Câmara, cuando se sueña a solas, no es un sueño, cuando varios se ponen a soñar, ahí sí es una realidad. La utopía compartida es la que hace avanzar la historia, y el rescate histórico siempre es necesario para evaluar y corregir nuestra trayectoria. La utopía compartida es la que nos hace avanzar en la concepción de un mundo más solidario.

Marilza de Melo Foucher

Enero de 2006.


Contribución para el debate en el FSM-Caracas.

Marilza de Melo Foucher es Doctora en economía y Consultora internacional.

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