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Reacción al artículo titulado “Un viaje a Argentina”, publicado el 7 de diciembre en la edición digital de elpais.es

ARGENTINA - Tzvetan Todorov habla de la memoria

Adrián Ponze

Viernes 17 de diciembre de 2010, puesto en línea por Adrián Ponze

Durante los primeros días del mes de noviembre, hace poco más de un mes, el lingüista búlgaro Tzvetan Todorov tuvo una breve estancia de una semana en Argentina. De visita para ofrecer una serie de conferencias aprovechó para visitar el Parque de la Memoria y el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti –instalado en el predio de la ESMA-, donde se lo vio conmovido con la muestra, Ausencias, del fotógrafo Gustavo Germano.
Un mes más tarde, el 8 de diciembre, desayuné leyendo las versiones de Internet de los diarios argentinos, principalmente Página 12 y La Nación, de Buenos Aires, y El Día, de La Plata, mi ciudad. Leyendo los titulares de La Nación me encontré con un artículo de Todorov.

- Vamos a leerlo, me dije.

Grande fue mi sorpresa cuando, a medida que iba avanzando en el texto, descubría el sentido que tomaba. Desconcertado me dejaba alguien sobre quien no había escuchado decir más que palabras elogiosas. Es que, aquí, en París, el autor de “Los Abusos de la Memoria” cuenta con mucho respeto, a tal punto que los medio franceses ya lo han adoptado como un intelectual nacional. Le linguiste franco-bulgare, dicen cuando lo presentan.

Efectivamente, me sorprendió la falta de rigor. El artículo habla de las victimas de la última dictadura militar que gobernó la Argentina de 1976 a 1983 haciendo afirmaciones ligeras y comparaciones contables como si el hecho de asesinar cien personas en vez de mil fuera un atenuante, porque decir que el genocidio en Argentina no es tan importante si lo comparamos con el sucedido en Camboya que se cobró un millón y medio de vidas entre 1975 y 1979 muestra a las claras que Todorov a perdido gravemente su capacidad de discernimiento.

Sin embargo, y sólo para seguirle la corriente, voy a seguir su razonamiento: él dice que en Camboya la guerrilla de los Jemeres Rojos (Khmers rouges, en francés) mataron al 25 por ciento de la población, un millón y medio de personas, lo cual minimiza la acción del terrorismo de Estado en Argentina ya que “sólo” provocó 30 mil víctimas, poco más del 0,1 por ciento de los 25 millones de habitantes (en su afán por minimizar el intelectual estructuralista se equivoca y habla de un 0,01 por ciento). Ahora, si dijéramos que en vez de haber pasado en Camboya, los mismos hechos hubieran sucedido en China ¿Se atrevería Todorov a decir que no tendrían demasiada relevancia pues hablaríamos de, al igual que en el caso argentino, de poco más del 0,1 por ciento de los 1300 millones de chinos?

En realidad, el lingüista búlgaro quiso señalar el, a su entender, excesivo apoyo del gobierno argentino actual que reciben las asociaciones de defensa de los derechos humanos, entre ellas Madres de Plaza de Mayo, y sus homónimas Abuelas e Hijos. El considera que no se llega a la Verdad histórica –acordada oficialmente a los monumentos que visitó- si se deja de lado a uno de los actores; dice que estos monumentos victimizan a uno de ellos y demonizan a los otros, a pesar de que unos no hayan sido completamente unos ángeles y que los otros no hayan sido totalmente demoníacos. De esta manera, quiere dar a entender que los muertos, desaparecidos y detenidos torturados y luego liberados por la dictadura estuvieron, de una forma u otra, implicados en la guerrilla urbana presente por aquellos años. Justifica así el destino que les tocó y olvida, de paso, que una buena parte de ellos sufrieron el terrorismo de Estado sin tener ningún lazo con la guerrilla, ni siquiera con la militancia política, sino que eran personas comunes que se encontraban en el lugar equivocado, que tenían amigos o conocidos militantes o por el simple hecho de no caerle bien a algún vecino que los denunció aportando acusaciones falsas. No hay que olvidar que ante la duda las fuerzas de seguridad de la dictadura en vez de otorgar la inocencia preferían detener al sospechoso. Además, Todorov olvida otro de los actores -y no de los menores- que sembraron el terror los años que precedieron el golpe de Estado de 1976 enfrentándose a los grupos de extrema izquierda: la Triple A ‘Alianza Anticomunista Argentina), bajo el mando de José López Rega y contando con los favores de la SIDE (Servicios de Inteligencia del Estado), persiguió a los militantes de la izquierda peronista y la izquierda en general iniciando el terrorismo de Estado y marcando la senda que luego emprenderían los grupos de tareas de las Fuerzas Armadas una vez en el poder.

En cuanto a la parcialidad de los historiadores actuales, lo único que hace es develar una parte de la historia que fue renegada durante demasiado tiempo y que al salir al gran público lo hizo con una inmensa fuerza, tanto tiempo contenida. Quizás sea cierto que haya un desequilibrio entre las verdades históricas de los diferentes actores de la sociedad argentina, y seguramente seguirá así en tanto no haya un verdadero acatamiento de los sentencias de la Justicia y un reconocimiento de las faltas cometidas. Porque si hay algo que es injusto es que los victimarios –acusados, juzgados y condenados por un tribunal legítimo- gocen de un indulto y recobren su vida en libertad mientras que las victimas, muertas o desaparecidas, detenidas de manera clandestina, condenadas y ejecutadas ilegalmente, jamás podrán hacerlo.

Otro de los puntos criticables del tratamiento del tema que hace Todorov es la falta de contextualización histórica –que él mismo reprocha a los monumentos a la Memoria- de su reflexión. Para entender lo que sucedió durante la última dictadura hay que remontarse, por lo menos, a los dos gobiernos de Juan Domingo Perón (1946 – 1955) y los hechos que ocurrieron a continuación.

- La cooptación de todas las centrales sindicales por parte de Perón.

- El golpe de Estado de 1955 y la consecuente prohibición del Partido Peronista.

- La persecución que sufrieron los militantes peronistas después del golpe de Estado, teniendo como hecho culminante la masacre de José León Suárez, el 9 de junio de 1956.

- Las sucesivas intervenciones militares que con los golpes de Estado –tres entre la segunda y tercera presidencia de Juan D. Perón- contribuían a la inestabilidad política del país.

- No se puede entender la actitud violenta de la Juventud Peronista sin tener en cuenta el rechazo que obtuvo del ala derecha del partido que controlaba el aparato político y sindical.

Entonces, nos encontramos con un TODOROV que intenta hacer un análisis desde su extrañamiento, desde un punto de observación desprovisto de los prejuicios e influencias de la sociedad a analizar, pero comete el gravísimo error de emitir juicio con los escasos elementos con los que cuenta, sin haber hecho un trabajo de investigación histórica.

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Mensajes

  • Sì, claro, Todorov nos pone en duda «lo maravilloso» de esa juventud peronista ¿peronista? revolucionaria setentista.Bueno èl va por buen camino, ademàs medio paìs asì lo piensa (en democracia se puede escribir y decir lo que se piensa ¿o no?).Ni àngeles ni demonios, sòlo que equivocaron varios procedimientos y ...si se invocan a los fantasmas, a las bestias y a los monstruos ¡joder! hay que hacerse cargo.

  • Me parece perfecto que las responsabilidades no queden enmarcadas en la lógica victima-victimario, sino que integremos a los diferentes actores de las «grandes tragedias». Sin embargo, el extremo de «todos son victimas y verdugos», como afirma, me parece que termina diluyendo ciertas cadenas de responsabilidad necesarias para que sucedan. Por supuesto que en democracia cada uno puede expresar lo que cree, estaría bueno que además tenga una buena fundamentación para hacerlo. Justificar un pensamiento en que también la mayoría lo piensa, es un poco peligroso. En definitiva, más de media población creía que había que matar a los judíos. En fin.

    • se equivoca y se apresura todorov, los grupos de resistencia armada tuvieron razon de ser porque existio primeramente un estado de facto e ilegitimo. Es un refrito de la teoria de los dos demonios, inventada por los represores para justificar las atrocidades. unos torturaban, robaban chicos y disfrutaban los beneficios del estado usufructuando cargos publicos y destruyendo el aparato productivo del pais, otros luchaban contra un estado opresor que habia disuelto la democracia.

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