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Economía metafísica y cornucopia

CHILE - Carlos Perez y su Marx-Nostradamus

Ariel Zúñiga

Martes 8 de marzo de 2011, puesto en línea por Ariel Zúñiga

«Es una falsedad del sistema cristiano considerar a las ciencias como una invención humana: lo único que es humano es su aplicación. Toda ciencia se basa en un sistema de principios tan fijos e inalterables como los que rigen el universo. El hombre no puede establecer principios. Lo único que puede hacer es descubrirlos.» Thomas Paine

“Uno podría diferenciar delirio de idea a partir del grado de certeza. El deliro es aquella idea particular (no necesariamente lógica o ilógica) que no se conmueve ante la evidencia contraria y que queda ajena a la posibilidad de la vacilación” Marcos Zurita.

“Los pobres no son el sujeto revolucionario, y en nuestro mundo son la minoría”.
Carlos Perez Soto (martes 25 de Enero de 2011)

Dedicado al maestro sin discípulos para que lo lea en su I Pad de 20 dólares.

Hace más de una centuria que se ha impuesto una izquierda anticientífica. A diferencia de sus predecesores, todos empeñados en construir una doctrina racional comprensible por todos y que desterrara de una vez por todas a las religiones y supersticiones, los nuevos izquierdistas han tratado de fundarse en las arenas movedizas de la metafísica, el culto a los autores muertos y en la falsificación de los postulados de sus profetas.

Los más deshonestos de todos han sido aquellos que han calificado a sus doctrinas de fe de científicas y con tal mentís han salido a las calles a la caza furtiva de incautos. Este modo de hacer teoría política se ha hecho tan común que todos – en la izquierda - parecen habituados a ella. Al renunciar a la razón han sacrificado toda posibilidad de confrontar teóricamente al sistema al que dicen oponerse.

Carlos Pérez Soto es uno de los máximos cultores criollos de este modo de hacer política.

Por años el profesor de estado en física se ha inmiscuido en los tópicos germinales de la formación en ciencias sociales accediendo a los dúctiles y confundidos alumnos de primer año de universidad, seduciéndolos con su carisma y su falsa modestia y generosidad. A fin de cuentas, como hegeliano asumido que es, sabe que lo más importante es el reconocimiento; no habrá ganado mucho dinero ni aportado un ápice al esclarecimiento de los asuntos que dicen preocuparle. Su metafísica es tan sofisticada como empalagosa e inmovilizadora, jamás una revolución, ni la más efímera, podría motivarse en sus palabras. Sin embargo es adorado, en especial por aquellos que no comprenden una letra de lo que dice, pues consideran que actúa de buena fe y por lo tanto se debe confiar en que quiere lo mejor para todos nosotros.

Quien se arrima a un árbol torcido tarde o temprano se desploma. Bastaba que Pérez cometiera el error de inmiscuirse en asuntos prácticos, aquellos que desvelan a los humanos para que su falsa erudición, usada como credencial universal válida en toda disciplina, quedara al descubierto. Supe que incluso se atrevió a dictar clases de filosofía del derecho en la Universidad de Chile ¡qué mal estamos! Exclamé a quién me dio la lamentable noticia. Ahora dicta clases de economía en el sindicato de la calle Maipú. [1] Y ahí me encontré con él, un profesor de física dedicado toda su vida a filósofo metafísico dedicado a enseñar la más práctica de todas las artes.

Bastaron dos acotaciones y tuvo que reaccionar. La falacia de autoridad es su copiloto, esta vez no se quedó atrás pero no fue suficiente, se sintió por vez primera incomodo con su propia voz y comenzó a dar explicaciones de porqué su perfecta teoría recién explicada fallaba al primer ejemplo. Y se pasó de la explicación ad hoc al relativismo epistemológico más vulgar, y aún no se sentía cómodo. Prosiguió apelando a algo que jamás ha mencionado, la moral. No se trataba que la teoría estuviera mal sino que la motivación para optar entre esta y otra era moral, y por derivación, política.

Si es moral ¿porqué diablos es necesario hacer clases de economía marxista? pregunté para mí, sólo retóricamente, y él pareció entender lo que pensaba por la expresión de mi rostro y ensayó otra respuesta aún peor dictando, por primera vez, todo un programa político de reformas para dejar al capitalismo tiquitaca y todos felices comiendo perdices por mil años.

No me convenció, ni a nadie que le haya prestado atención, de hecho algunos espectadores de su “clase” (espectador es la palabra adecuada, también se puede usar asistente) comenzaron a inquirirlo y él prosiguió impertérrito, fuerte y derecho como quién se pasó una luz roja por descuido, alterando, o más bien hiriendo de muerte, la división de clases sociales que tan celosamente cuida todo marxista ortodoxo y que había aplicado dogmáticamente por dos horas en su exposición.

Si no puedes convencerlos confúndelos dicen en el foro. No creo que ni él pudiera convencerse de lo que dijo, o al menos confundirse, sin embargo como buen vendedor continuó inmutable. Y eso último fue lo importante ya que sus espectadores no quedaron ni más ni menos confundidos de lo que estaban antes de sentarse en un foro con treinta y tantos grados de temperatura.

La calurosa exposición de Pérez.

No olvidemos que en un país bananero como el nuestro la antigüedad constituye grado y la cantidad de horas hablando estupideces o anotando garabatos es tenida por sabiduría pues nadie se toma la molestia de tratar de comprender qué se le está tratando de decir. Así las cosas la celebridad de un autor no pasa necesariamente por sus argumentos sino que por su rating.

Con treintitantos grados de calor unas sesenta personas escuchaban atentamente a Pérez quién ahora fungía de economista. Cualquiera que haya tenido acceso a una educación formal en macroeconomía, y que la aprovechara, habría reparado en que estaba hablando de otro asunto. De hecho sus gráficos estaban tan enfrentados a Descartes que éste, resucitado, habría pensado que se trataban de dibujos o jeroglíficos.

Si se trataba de explicar a Marx no entiendo porqué recurrir a la economía y viceversa. El profeta de la izquierda fue un gran economista en su época porque supo reinterpretar a la economía hegemónica llevándola a sus límites pero hasta ahí no más llegamos. Aquellos que hablan de las leyes que postuló y que hoy se verifican fatalmente incurren en la ceguera del fanatismo, la falsificación de los datos y, a veces, son víctimas de una ignorancia tan basta que ni mil años de estudio riguroso podría subsanar.

Los aportes de Marx son tan ínfimos como imposibles de valorar sin poseer nociones básicas de economía. Si queremos enseñar algo que vale mucho, como la economía, y hacerlo gratis, es digno de aplausos. Pero si nuestra intención es sostener a una hinchada pseudointelectual a base de información sesgada estamos causando un daño enorme y eso debe ser denunciado.

Carlos Pérez no posee nociones básicas de macroeconomía, qué decir de microeconomía, por lo que su “clase” vagaba sin rumbo alguno tal cual como cuando un ciego guía a otro.

Empero intentaba conjurar la sideral distancia entre lo que sabía y lo que desconocía tachando de enemigos a todo quién se había tomado la molestia de leerse un manual o escribir alguno. Los llamaba, genéricamente, economistas canallas. El mote de canalla era igualmente aplicable a Keynes como a Friedman, a Stiglitz y Von Hayek, a Paul Samuelson y Manfred Max-Neff, como a James Tobin, Muhammad Yunus y Naomi Klein. El único requisito para ser economista canalla era ser economista y no ser Marx (ni Pérez).

Perez y sus “epistemologías”.

Hartado de que Pérez falsificara los datos y que los utilizara como evidencia ante los incautos, de que Marx es el Nostradamus de la economía y otras yerbas, le recordé que un camarada suyo, un economista de verdad, no un profe de física, quien además es marxista hasta la próstata, afirmaba todo lo contrario de él y que para hacerlo traía a colación un gráfico confeccionado por el más canalla de los economistas y que fue publicado en el más canalla de los medios: El Wall Street Journal.

- Hugo Fazio, director de CENDA, dijo todo lo contrario que usted -le dije-, el producto geográfico bruto global no ha crecido desde 1971 y sin embargo la población se ha duplicado, eso quiere decir que los ingresos para la mayoría de la población en vez que subir han disminuido. Lo paradojal del asunto -eso fue con sarcasmo de mi parte- es que Fazio dijo que eso confirmaba una ley marxista que anticipaba que el capitalismo caería por su propia evolución.

Perez trató de decir que lo que había dicho no lo había dicho, después emprendió su rumbo a un espeso bosque habitado por hadas y explicaciones ad hoc. Cuando se dio cuenta que todo seguía en el punto de partida encontró el modo de descalificar a uno de los más reputados economístas marxistas nacionales usando el más ruin de los sofismas.

- Lo que pasa es que algunos no entienden que la economía marxista posee una epistemología distinta a la economía canalla por lo tanto no se pueden traspasar datos así como así. Considero que si debo optar entre creerle a Fazio o a Marx opto por el último.

Parte de la concurrencia se rió, ignoro de qué, no creo que haya sido del delirante profesor de física y autor del libro más vendido en Chile sobre epistemología de las ciencias sociales (el público también se había reído con anterioridad cuando Pérez mencionó una lamentable afección cardiaca que aquejaba a Rosa Luxemburgo) “si debo optar entre creerle a” un muerto o a un vivo prefiero creerle al muerto, debería haber dicho, puesto que el vivo podría replicar en cambio el muerto lo puedo usar como marioneta a perpetuidad.

¿Distintas epistemologías? Afirmar algo así es apostar a la ignorancia supina de su auditorio, incluso a su sordera, puesto que minutos antes había dicho que “los economistas canallas niegan el aporte de Marx (a la economía canalla por cierto) y por eso no pueden explicar muchos fenómenos”. “Piñera (economista canalla de la católica y Harvard) desconoce esto (la mentada ley marxista nostramudiana) pues es un tonto que ni siquiera sabe que se le debe echar BENCINA a un helicóptero” (SIC)

Sin embargo Piñera, que por suerte sabe que los helicópteros no usan bencina, sí reconoce, desde la economía canalla, que se adviene una crisis económica mundial producto del calentamiento global, el daño ambiental acumulado y la sobrepoblación [2]. Pérez, en cambio, es un cornucopiano [3] que cree que la población mundial puede crecer indefinidamente, que no existen problemas con el alimento salvo “los mercaderes capitalistas que lo esconden” puesto que hoy es “posible incluso crear huertos horizontales en donde criar gallinas” (SIC)
Pérez, el profesor de física devenido en epistemólogo aficionado, nos dice primero que Marx ha sido marginado de la ciencia por decreto imperial y, a continuación, que su economía es incompatible con la “canalla”, epistemológicamente incompatible. Continúa su embuste apelando a las gallinas voladoras capaces de prosperar en huertos horizontales demostrando su desconexión total con la realidad que él dice querer transformar.

Explicaré en detalle estas cuestiones.

“Epistemologías”.

Cité el bicentenario párrafo de Thomas Paine por su claridad y vigencia, a fin de cuentas, y esto lo digo con desazón, hace doscientos años la izquierda era coherente tanto en sus principios como en sus finalidades y tenía muy claro que la razón era el motor del progreso. El modo de derrocar a los monarcas y sacerdotes era defendiendo a la ciencia. No existían diversas ciencias ni diversos modos de concebirla; no existían modos alternativos de producción de conocimiento, nada podía validarse por fuera de la ciencia. Si vamos a conversar primero asumimos los axiomas: Existe una realidad, que es física, material, y nuestro rol es comprenderla. En ciencia nada inventamos sólo descubrimos.

¿En qué momento nos perdimos? ¿En qué momento surgió esta “ciencia de izquierda” distinta a la ciencia? ¿En qué momento la izquierda pasó de ser enemiga de los sacerdotes a ungir a sus propios pontífices? Esto es lo mismo que preguntarse cuándo la izquierda dejó de ser libre, igualitaria, fraterna y científica.
A mi juicio la izquierda se perdió hace bastante, su crisis moral y doctrinaria no es un problema de hace veinte años.

El comienzo del descalabro está en el surgimiento de la izquierda romántica o más bien de la usurpación del término izquierda por algunos románticos colonizadores.

El romanticismo, como toda metafísica, es literatura escrita por personas con demasiado tiempo libre y el estómago saciado (amén de otras apetencias). Al romántico no le interesa el mundo en que vive, se trata del decorado de una obra meramente estilística en donde la histeria del artífice es su centro gravitacional. Sólo los niños ricos acceden al saber elevado de la epifanía o de la existencia atormentada por los fantasmas del sinsentido o del desamor.

En cambio quién desea, y más necesita, un plato caliente sobre su mesa o la de toda la humanidad está demasiado ocupado, inquieto, indignado y hambriento como para ocuparse de las fantasías de las elites. Su preocupación es el mundo, la comprensión de éste y su transformación; cómo conseguir que lo que queremos, un mundo justo, se instituya.

No existen distintas epistemologías, distintos modos de comprender a la realidad. Existe uno solamente y es la científica; conocer la epistemología es comprender la razón de la ciencia.
Carlos Pérez se vio obligado a desnudar su real interés tanto en la economía como en la epistemología, y por ende en la política. No quiere hacer ciencia, no quiere que sus lectores la comprendan o la practiquen, quiere sellar cualquier puerta de salida racional al dilema moral y político que enfrenta la humanidad en general y la izquierda en particular.

Y tampoco le interesa la filosofía esto es, saber pensar. En ningún caso niego que sea válido especular en todo aquello que la ciencia aún no conquista pero eso es muy diferente a confundirlo todo en una insípida argamasa destinada a tapar los agujeros del tejado del marxismo más delirante.

Si algo me exaspera son las personas que arrojan el agua sucia de la tina con bebé y todo. Pérez para salvar a Marx empeora el marxismo volviendo a sus “fuentes” y falsificando la historia que se ha empecinado en refutarlo. Es imperioso conocer a Hegel, nos dice, un sabio en buena hora muerto y olvidado. No existe calamidad en el siglo XIX y XX que no sea atribuible al beato prusiano, ninguna! Desde el nacionalismo al nacionalsocialismo, desde el fascismo hasta el bolchevismo, desde el antisemitismo hasta el sionismo. La piedra angular de todo pseudoconocimiento siempre es Hegel puesto que el teutón en vez que estudiar historia la inventó, en vez que comprender el mundo se preocupó de adoctrinar discípulos en el arte de entenderlo a él y venerarlo. Como dice Bertrand Russell, “toda su filosofía (de Hegel) parte del supuesto de que el mundo fue creado por dios conforme a las instrucciones enviadas por Hegel”.

Y Pérez no sólo es hegeliano sino que además es un devoto fervoroso del prusiano. Por años religiosamente predica el esoterismo de Hegel ante sus leales feligreses. A fin de cuentas los perecianos, así como todos los chilenos (en especial de izquierda) se sienten obligados a asistir a misa una vez por semana. Es consecuencia del jesuísmo que subyace, en nosotros, en especial en las elites, aquel del cual nos alertaba Anibal Ponce cuando explicaba el contexto histórico de la guerra civil española.

Esoterismo y del peor, las palabras no poseen la virtud de esclarecer lo complejo y de ese modo iluminar a las masas los tesoros de la sapiencia para que la disfruten sino, al contrario, el lenguaje es un modo de conectarse con el espíritu trascendental, para decirlo de otro manera es un modo de orar pero de un rezo anterior al concilio vaticano segundo, en latín y sin entender lo que se dice. Por eso es ofensivo que nos quieran decir que justamente aquello que se opone al conocimiento, a la razón y a la consciencia tiene algo que ver con la izquierda. El uso mágico de la palabra, desde el abracadabra hasta la fenomenología del espíritu es la marca registrada de la jerarquía, del ocultismo, del elitismo, de la separación del mundo entre sacerdotes y feligreses, entre masa e iluminados. Es por ello que el cemento filosófico de todos y cada uno de los bestiales sistemas antidemocráticos y antiuniversalistas del siglo XIX y XX es Hegel. La derecha no sería nada más que unos ricachones con pelucas empolvadas evitando la guillotina sin que este prusiano les haya dado las bases discursivas para eludir a la ciencia, la lógica y la democracia.

Desde Hegel la razón y la moral desaparecen y con ello toda posibilidad de reconstrucción de la izquierda que es una tarea moralmente motivada y racionalmente iluminada. Para comprender el mundo basta y sobra la filosofía, ciencia y economía hegemónicas. Es más, las filosofías alternativas más que iluminar el conflicto lo esconden. El problema moral es obvio desde Locke y Hume así como invisible desde Lacan o Foucault.

Pérez nos dice que esas instrucciones que generosamente entregó Hegel a dios para crear el mundo les fueron facilitadas a Marx quién descifró su verdadero sentido y alcance. Luego Marx, en un misterioso encuentro, se las entregó a Pérez quien desde entonces se preocupa en divulgarlas entre los niños ricos chilenos que impostan izquierdismo mientras estudian carreras progres en universidades progres, aquellas que cuestan en promedio tres sueldos mínimos por mes sólo en arancel.

Su preocupación por la razón científica es meramente instrumental o mejor dicho hipócrita. Pérez es aún más refractario a la ciencia que los más torpes posmodernistas. Cuenta la historia de la ciencia para explicar la pertinencia de su conclusión (las instrucciones divinas legadas por Marx y a éste por Hegel) pues sólo ella suprimiría las contradicciones insalvables que en este momento nos impide progresar.

A tal punto es deshonesto su razonamiento que le importa un rábano acotar que si de fuentes se trata también debería leerse a Kant, para comprender a Hegel, y antes a Hume y Rousseau, a Locke y Hobbes, a D’ Ockham, Montaigne y Grotius, a Dante y Maquiavello, a Virgilio y Cicerón, a Plutarco y Heródoto, sólo para nombrar algunos antecedentes todos más amigables y honestos que las enciclopédicas burradas del mocito del imperio prusiano.

Comprender el mundo que habita para Pérez no es tan sólo una cuestión secundaria sino que es trivial, irrelevante e invisible desde sus anteojeras metafísicas.

Reconozco que hace diez años tuve la fantasía sexual-intelectual perversa de toparme con Carlos Pérez tratando de realizar propuestas que pudieran aplicarse en el mundo real que tanto desprecia, utilizando su sabiduría esotérica. Razones inconfesables me llevaron al sindicato de Maipú y he ahí Pérez, por vez primera, expuesto a la intemperie del argumento sin dogmas de fe a los cuales asirse. Confiado en la estulticia de sus apóstoles, y que nadie aprovecharía su vulnerabilidad, hablaba de economía olvidando un pequeño detalle: Las ciencias económicas quizá son las más prosaicas de las ciencias sociales y es imposible hablar de ellas sin arrojarse al infesto barro de la realidad. Dos breves apostillas bastaron para minarle sus dos horas y pico de prédica, lo que vino a continuación es de antología.

De la economía fósil al Zeitgeist.

Según Pérez los economistas canallas son unos ignorantes y unos mentirosos. Ignorantes porque no conocen las encíclicas marxistas; mentirosos porque dicen que el capitalismo va en retirada pues pronto caerá.

¿Quién se lo habría imaginado?

Hace veinte años atrás sólo unos cuántos economistas pachamámicos se unían al coro de los marxistas maximalistas y afirmaban que el capitalismo sucumbiría por sí mismo. Hoy, sólo Carlos Pérez y la secta ultraderechista de la cornucopia afirman que el capitalismo superará la crisis ambiental gracias a la tecnología, la cual será inventada minutos antes del armagedón.

Para Pérez la falta de alimentos en el mundo es una patraña, la falta de tierras cultivables se subsanaría construyendo granjas horizontales y que cada humano críe una gallina en su patio, incluso que las gallinas, quizá por obra y gracia del velcro, sean criadas también en esas granjas horizontales.

El problema a que se enfrenta el mundo no es un invento de la economía canalla, no es una mera conjetura.

El problema está en los recursos finitos que se usan, y han usado, cual si fueran infinitos y eso no es precisamente la tierra sino que la tierra habitable y cultivable, el agua dulce que se requiere para eso y la energía.

Podemos construir hasta las nubes si el problema fuera el terreno pero quién construye, cómo se alimenta a los obreros, cómo se obtienen los recursos energéticos para fabricar el acero, hormigón y cristal, con qué energía bombeamos el agua para que se rieguen esas granjas horizontales. Podemos colonizar otros mundos, nos dirá el optimista, pero vencer la gravedad terrestre requiere de 50 kilos de supercombustible por cada kilo de carga.

Entonces la sobrepoblación no es un invento canalla de capitalistas que desean conservar intactos y para sí algunos paisajes para su deleite estético sino que tiene que ver con las hectáreas globales [4] que cada hombre requiere para su manutención. Cualquiera sea el número, se estima que el máximo posible es de 10.000.000.000 de habitantes (estamos en los 7 mil millones), esta cifra se alcanzará en algún momento y en ese momento la población deberá necesariamente ajustarse, esto es, a balazos, hambrunas, canibalismo o del modo que sea. Si no hay “ajuste” la única alternativa es la extinción.

Para Carlos Pérez en el mundo actual sobran dos mil millones de personas y los capitalistas no los han exterminado de pura desidia. Eso implica no comprender en absoluto la economía, la economía capitalista y por ende, en mundo en que vive: Aunque existan dos mil millones de personas que no producen ni su consumo es significativo eso no significa que no estén integradas a la economía.

El capitalismo emerge, como una especie de tumor, de un caldo primordial en la alta edad media europea en que se conjuga la sobrepoblación y el descubrimiento del nuevo mundo. América no sólo le dio a Europa el espacio para que sus nobles emigraran, ya lo habían intentado siglos antes y sin éxito con las cruzadas, sino que además les dio las divisas (oro, plata y piedras preciosas) para poder conquistarlas, europeizarlas, anexarlas y pacificarlas, y todo ello financiarlo. Desde entonces muchos europeos poseían riquezas equivalentes a las que antes tenían los emperadores sin tener que pagar los costos políticos de dicha acumulación. El dinero se comenzó a utilizar para crear más dinero, para invertirlo, y así se hizo desde entonces hasta la fecha. Cada vez que la economía capitalista se ha estancado ha sido una catástrofe. El sistema capitalista o crece o sucumbe en su propio peso. Es por ello que el ideal capitalista es que la población mundial siga creciendo y el estandar de vida de cada uno de los habitantes también. El hecho de que la economía aún así no crezca desde 1971 y que “sobren dos mil millones de habitantes” (un tercio de la población mundial) no es producto de la avaricia de los economistas canallas sino porque el sistema capitalista ha llegado a su punto máximo de crecimiento, no existe un extenso territorio para conquistarlo, europeizarlo, anexarlo y pacificarlo, ni divisas que puedan financiar esa empresa.

El capitalismo no sólo requiere capital acumulado sino que empresas en donde sea rentable invertirlo. Durante las últimas décadas la población mundial se ha empobrecido en términos relativos y absolutos puesto que la economía no ha crecido, la población ha aumentado y además llevamos siglos depredando recursos no renovables, y hasta hemos transformado recursos renovables en no renovables por sobreconsumo. Es decir, si valorizamos la depredación ambiental el estancamiento y decadencia del sistema capitalista es anterior a 1971.

El ejemplo ejemplar para explicar lo anterior está en el agua dulce. No tenemos más agua que para hospedar a mil millones de estadounidenses o a diez mil millones de chinos (esto en consideración de las hectáreas globales que cada uno usa). Y si se trata de utilizar el agua de mar sea por la destilación o la ósmosis inversa eso requiere un plus de energía que no tenemos. Es más, tampoco tenemos energía para hacer andar las máquinas que hoy permiten el funcionamiento del mundo en una década más; si recurrimos a los biocombustibles deberemos optar entre producir alimentos o hacer andar las máquinas pero el capitalismo precisa de ambas.

Asimismo el capitalismo no sólo precisa de agua y de energía para sustentarse sino que requiere de pobres, por lo tanto las fantasías genocidas son crueles y a la vez payasadas.

Los sistemas de producción de energía alternativa son, hoy por hoy, meras buenas intenciones. Producir torres de hélices eólicas, paneles fotovoltaicos, calderas solares para generar energía limpia de fuentes inagotables requiere de... ENERGÍA! Y no sólo de energía sino que de una serie de materiales agotados o en vías de agotamiento como el aluminio y el cobre, que para extraerlos se requiere de ENERGÍA, que cuya construcción o extracción impacta adversamente el medio ambiente. Construir esos sistemas limpios no sólo es energéticamente insustentable sino que además es sucio y materialmente imposible ya que el agotamiento de los combustibles fósiles no sólo afecta la industria de los vehículos sino que también la petroquímica indispensable para los polímeros y lubricantes.

En otras palabras sea por anga o por manga el sistema capitalista tiene sus días contados y eso no quiere decir que el Marx Nostradamus de Carlos Pérez o Hugo Fazio estuviese en lo correcto.
Marx jamás pensó, como nadie en su época ni antes que él, que el capitalismo sucumbiría nada más por ser materialmente imposible que siguiera creciendo. Hasta hoy se define a la economía como arte de conciliar las apetencias infinitas con los recursos escasos; lo cierto, es que el mundo mismo es finito por lo que nunca debió dejarse que las apetencias se desataran. Se buscó el modo de satisfacer el apetito voraz de los trogloditas europeos, a costa del pasado del presente y del futuro y ahora en camino viene la factura. La humanidad devenida en una plaga de langostas deberá reducirse a la cantidad de alimentos que queden luego del ajuste. Eso será, necesariamente, otro sistema económico y político pero no significa que será mejor o peor a lo existente. Si alguna vela tiene la izquierda en este entierro es la de comprender lo que sucede y de qué modo es posible gobernar la crisis que necesariamente adviene de modo de que el cambio sea para mejor o al menos sea consciente, y de ese modo, sean las bases de un mundo mejor a la altura de nuestras utopías.

Pero nuestra izquierda es incapaz de entender lo que sucede porque aún está más preocupada de salvar la honra de sus patriarcas en vez que mirar por la ventana. El caso de Pérez es paradigmático, su incomprensión del planeta en que respira y se nutre es tal que se dio el lujo de decir que estamos mejor que en los tiempos de Marx y de que las revoluciones no necesitan ni de los pobres ni de su descontento. Cuando dijo eso recién comprendí porqué su obra es comentario obligado entre nuestra izquierda millonaria y amancebada.

El pudor me impidió pegarle en el suelo, ya lo había hecho naufragar con dos inocentes comentarios y el auditorio no estaba en condiciones de comprender lo que estaba en juego. Lo dejé hablar, sus propuestas (para actuar políticamente en aquel mundo que para él es un misterio) pasaban de lo ingenuo a lo genocida. Finalmente, y a modo de subir aún más la cota que lo distingue de su público, recetó que viéramos el documental Zeitgeist [5] para que entendiéramos lo que acababa de decir, para mis adentros reflexionaba si quizá la lectura del Papelucho Historiador diera más luces respecto. La referencia videográfica no me pareció forzaba, a fin de cuentas en su apócrifo concepto de clases sociales de Marx distinguió entre varios “enemigos”. El único que importaba, de los siete que nombró, era el capitalismo financiero. Sólo faltó que les llamara judíos. El antijudaísmo sigue siendo el socialismo de los imbéciles y el volcar la energía contra un enemigo la quinta esencia de todo populismo. No me queda claro si el profesor Pérez con sus seminarios intenta reconstruir doctrinariamente a la izquierda o a la derecha.

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[3“Los cornucopianos son clasificados como antropocentristas tecnocentristas. En otras palabras, consideran que el comportamiento del hombre con relación al medio ambiente es determinado por las propias necesidades e intereses humanos, de donde la relación se impone a través del dominio del desarrollo tecnológico. Se distinguen de los ambientalistas moderados, por ser extremadamente optimistas en relación con la tecnología, y por creer que sus avances son capaces de solucionar cualquier escasez y finitud de recursos. Confían totalmente en las fuerzas reguladoras del mercado entendiendo que tienden a optimizar la asignación de los recursos, a mejorar la eficiencia de su uso y sustituirlos por otros, en la medida que se imponen las necesidades y utilidades del momento. Según ellos, la intervención del gobierno sólo perturbaría esa asignación eficiente del mercado.” Cornucopianos: los ultraneoliberales Man Yu Chang en: http://j.mp/fph6z0

[4“Una Hectárea global (hag) es una unidad de medida empleada para cuantificar la biocapacidad del planeta. Una hectárea global es la media de la bioproductividad de todas las hectáreas consideradas «productivas» en la Tierra. Es una unidad cada vez más empleada en geografía, ciencias ambientales, sociología, así como para el cálculo de la huella ecológica. Con la globalización, cada vez más recursos consumidos son producidos a escala global (y no local), por lo que permite calcular los recursos empleados para la producción de los bienes.
Una hectárea global es una medida de toda la Tierra, si tomamos toda la biocapacidad del planeta (13.4 miles de millones de hectáreas globales en 2005) y la dividimos por el número de habitantes del planeta (6.5 miles de millones), obtenemos las hectáreas que cada ser humano puede emplear para vivir sin reducir la capacidad de biogeneración de la Tierra.
Además, como la bioproductividad varía cada año, el valor de la biocapacidad indicada por una gha puede variar de una año para otro.” http://es.wikipedia.org/wiki/Hect%C3%A1rea_global . Si gusta puede buscar el documental de la BBC y Discovery Channel “Un mundo de gente”, de Sir David Attenborough, en que se explica el problema de la sobrepoblación mundial con lujo de detalles.

[5Zeitgeist no sólo es un compendio de errores groseros en historia, política y economía sino que además un panfleto irracional, destinado a la fascinación del auditor crédulo, de modo deliberado. Ha sido financiado por la extrema derecha estadounidense como un modo de defender en las masas las tesis conspiracionales propias de los conservadores y ultraliberales gringos contrarios al estado federal y a los impuestos. No se trata de un documento anarquista de izquierda sino que de derecha y derecha extrema. Cuando dicen que están en contra del “estado global” también están diciendo que están en contra de los impuestos, la seguridad social, la educación pública y los derechos laborales. Es un discurso machista, homofóbico, racista y antijudío hasta la caricatura. Vea Zeitgeist Contrastado en http://natsufan.livejournal.com/38066.html

Mensajes

  • Ariel:
    Mucha rabia y bla bla deslucen y obscurecen su artículo. Es probable que el señor Pérez haya dicho esto o aquello, pero lo medular esta en sus escritos
    y eso dicen cosas cuerdas con planteamientos más que atendibles, lucidos y fundamentados. Al menos eso pensamos algunos profesores desde Europa que leemos los escritos de él.

    Y respecto de Marx, le recordare lo que ha dicho G. Soros quien tiene en su mesa de noche Das Kapital «el que no lee hoy Marx es un imbécil» y eso a propósito del comportamiento del sistema financiero mundial y la portada de Financial Times de agosto del 2009 publicó una foto de los 4 economistas más grandes de la historia y quienes hoy según esta revista nos pueden esclarecer que pasa con la crisis económica mundial y adivine usted...uno de ellos es Karl Marx.

    No sé cual es su problema con Carlos Pérez, pero la verdad que su artículo escrito con tantos epítetos y grandilocuencia muestran sólo su In sapiencia infinita en estos temas, más allá de los intereses que usted legítimamente pueda representar.

    Al final uno no sabe de qué diablos esta hablando, si le tiene fobia a Marx o a Carlos Pérez o a ambos y construye usted mismo afirmaciones de un otro al que usted mismo le responde. Porque la verdad o usted a escuchado mal o no sabe lo que dice, pero tanta sandeces es imposible atribuírselas a Carlos Pérez si uno conoce a Marx, Hegel y también lo que escribe C. Pérez.

    Se lo digo porque siempre es bueno tener otras opiniones, pero serias y coherentes, andaba en busca de ello por eso perdí mi tiempo en leerlo y ya me di la tarea de mandarle estas cuatro líneas, ante su insulsa verborrea intelectual.

    Dr. René Muena
    España

    • Estimado Rafael,
      le respondo con calma pues usted fue generoso con su tiempo tanto en leer como en criticar el artículo.
      Reconozco que escribí con rabia, sin ese condimento lo que hagamos sería banal, este texto es una sublimación de la profunda rabia y desazón que me produjo ver a sesenta jóvenes encerrados en un galpón con más de 30 grados de temperatura absortos en una exposición que poco tenía que ver con Marx, con Hegel, con la izquierda, con la filosofía, con la economía ni con la honestidad intelectual de lo que tanto se jacta el reputado conferencista en sus escritos.
      Sería un cliché el apelar tan sólo a que la literatura es una forma de venganza pues este artículo no sólo es un ensayo de periodismo gonzo, es un emplazamiento al señor Perez y a los que lo leen o escuchan.
      Usted no es el único que ha defendido al señor Pérez, con fervor sus seguidores me han escrito mensajes públicos y privados, muchos, más de los necesarios diría alguien. Sin embargo hasta ahora ninguno, incluyendo los presentes en dicha exposición, ha podido decir que lo que escribí lo inventara.
      Entonces cuando usted dice que no puede creer que Pérez, el autor que usted ha leído, dijera tales sandeces y que por lo tanto me imputa el ponerlas yo en su boca para agraviarlo, está poniendo en la balanza la autoridad de Pérez y la mía, y desde luego que queda en evidencia con tal ejercicio quién es el autor autorizado y quién no.
      Por lo mismo lo invito, si es que quiere pasar desde lo autorizado a lo realmente sucedido, que lea con calma los comentarios que han llegado a propósito de la exposición, incluyendo los de Pérez, y así podrá ver que ninguno desmiente lo que en el artículo consigno,
      Saludos Fraternos,
      Ariel Zúñiga Núñez
      ps: Puede leer los comentarios que menciono en:
      http://violenciaycontrol.blogspot.com/2011/01/carlos-perez-y-su-marx-nostradamus.html

  • Tengo la impresión de que muchos de los adjetivos usados en este comentario son innecesarios. Al menos en una discusión entre personas de izquierda. La verdad, sin embargo, es que no me queda claro si el autor de este comentario está tratando de contribuir a reconstruir la izquierda o la derecha.
    Carlos Pérez Soto

    • Los artículos, y las exposiciones, generalmente nos producen impresiones. Considero que lo justo es hacerse cargo de los argumentos que si bien, muchos de ellos son «innecesarios» sí están presentes en el mismo y sí responden a lo que usted dijo en el sindicato de calle Maipú un caluroso día de enero.
      Quizá el modo no fue el correcto, o quizá gracias a lo incorrecto del modo es que logró llegar éste artículo a usted.
      Ya que el texto llegó a sus manos, por lo correcto o incorrecto del modo, es oportuno que se haga cargo del fondo del asunto pues, como se podrá dar cuenta, yo no sólo me quedé en las impresiones de vuestra exposición.
      Quizá lo incorrecto de su cátedra motivó mi perorata estival.
      En cualquier caso eludir un emplazamiento directo siempre va a ser un modo de reconstruir a la derecha en vez que a la izquierda.
      Saludos Fraternos,
      Ariel Zúñiga Núñez.

  • me parece ke haz gastado muchos pixeles en atacar al argumentador y no en rebatir el fondo de los argumentos. haz pasado por alto criticas fundantes del pensamiento de Perez y haz tratado de idiotas a quienes esten de acuerdo con estas ideas. Haz obviado no se si deliberadamente o por considerarlas menores problemas filosoficos y epistemologicos crusiales para comprender de que se trata la exposicion. Al parecer partes de la idea que habría una cierta verdad que encontrar al estilo del positivismo o de la ilustración, y esto te inavilita para comprender de que se trata, ademas de contener regularmente el germen del totalitarismo ilustrado, y de la universalisación homogeneizadora propios de la modernidad. Me ha molestado muchisimo leer una historieta groseramente narrada y carente de pensamiento y de ideas que realmente se acerquen a las de Perez para luego criticarlas. Pareciera que hiciste el argumento sin tomarle real atención al expositor.¿haz leido algun libro de Perez? se despide un idiota más que cree en la coherencia de las ideas de este profesor y en la revolución comunista. Uno que piensa que el mundo teórico que dice no tener metafisica,y guiarse por la «realidad» está igualmente enagenada y basa aspectos importantes de si en una (particularmente el derecho positivista en la metafisica Kantiana). chao

    • Primero: Sin generalizaciones es imposible argumentar, de hecho el lenguaje es siempre una generalización y tu argumentación, o queja, es un homenaje a la misma. Aunque, no sé si llamarla generalización «ilustrada».
      Segundo: El una falacia exigirme que lea todo lo de Pérez, o que pretenda una comprensión íntima (como de la que te ufanas), es obvio que basta y sobra los argumentos defendidos por Pérez en esa exposición. Es del todo impertinente que se sugiera que leas todo mi blog para que entiendas mis afirmaciones. Eso es propio de la argumentación de mala fe, del oscurantismo que se vende como nueva luz.
      Tercero: Me basta lo que dijo Pérez, lo que reproduzco y hasta el momento ningún asistente ha dicho que se trata de una mentira, ni siquiera de una exageración o maliciosa sacada de contexto; y también me basta ver los efectos del pensamiento de Pérez, cientos de borregos, que tu calificas de idiotas -allá tu- que no les saldría una revolución ni por accidente. Por eso le llamo «maestro sin discípulo», es una broma negra, de negro azabache. Considero que un maestro se mide por sus discípulos, no por la cantidad, por la calidad de los mismos. Y los discípulos que valen son los que superan al maestro (eso lo constituye en maestro). Perez no ha formado aún a alguien que le llegue ni a los talones, sólo ha formados discípulos en tanto profeta pero no en tanto maestro. Debes concederme que Pérez debe ser juzgado por su actividad no por su fría y pura teoría. En tal sentido sólo se dedica a la comprensión del mundo no a su transformación.
      Cuarto: Te pido que no me achaques problemas tuyos o de Pérez, yo argumento desde y con la ciencia, es decir, mi mentalidad es científica, por lo tanto yo no «creo» esto o aquello, simplemente no creo en nada, reivindico mi derecho a ser escéptico, y, al mismo tiempo, exijo que se tenga en cuenta lo poco y nada que sabemos del mundo que muy sea provisional es lo único que nos permite dialogar, y por ende, hacer democracia y hacer izquierda.
      Atentamente
      Ariel Zúñiga Núñez ( @azetaene )

    • - 

      El epistemólogo sedentario dice..

      Como la ciencia, a pesar de los que la critican sin entenderla ni practicarla, sigue siendo la ciencia, la moral la moral y la política la lucha por la vigencia de una moral específica, todas estas críticas están fuera de lugar.

      - 

  • Solo dos preguntas
    Si realmente te limitaste a argumentar en base a lo que Pérez dijo en el sindicato, ¿Por qué la necesidad de una extensa critica dirigida hacia Hegel, su totalitarismo y prusianismo? y a partir de esa crítica ¿por qué argumentar usando como fuente lo que Bertrand Russell dice de Hegel y no los propios textos de Hegel, para de esta forma poder constatar de forma directa, y tener la certeza de la veracidad de tus afirmaciones?

    • ¿La «veracidad de lo que Hegel dice»?
      Usé a Bertrand Russell puesto que no se trata de contrastar las afirmaciones de Hegel con la realidad ni con la de otros autores, ni tampoco dilucidar si Pérez miente, sobre Hegel, o yo lo hago sobre Pérez.
      De lo que se trata es de las afirmaciones de Carlos Pérez las cuáles están basadas en el teólogo prusiano. Eso no es un misterio, tampoco lo es que Hegel trató de refundar el cristianismo del antiguo régimen vapuleado por la Revolución Francesa.
      ¿Cómo es posible elaborar un pensamiento revolucionario partiendo desde el epítome del pensamiento reaccionario? Carlos Pérez en su obra se extiende hasta la nausea sobre ese tópico.
      Sostengo que tal pretensión es tan ambiciosa como irrealizada. Russell expuso largo y tendido, y sin pelos en la legua, sobre este asunto y se podría resumir vulgarmente de esta manera: Si tu argumento depende de cuán ignorante o impresionable sea tu interlocutor es porque hablas desde la derecha (por más banderas rojas pongas de fondo)
      Saludos fraternos,
      ariel

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